Técnicas para rescate con vehículos en el agua

Translated from the original article in English.

Introduction

En un primer artículo, nos centramos en los criterios necesarios para la toma de decisiones que impulsan la elección táctica o el tratamiento general de los rescates de vehículos en el agua. En esta ocasión, ponemos el foco en las técnicas reales que usarán los servicios de emergencia para rescatar a un herido en un vehículo en el agua.

Hay varios modelos operativos que son aplicables a este tipo de incidentes, pero los principios genéricos de rescate se aplican también a los casos con vehículos en el agua, quizás con alguna salvedad:

El modelo LAST (Localizar, Acceder, eStabilizar, Transportar) se utiliza habitualmente en los rescates relacionados con aguas rápidas de inundación y es igualmente aplicable a los rescates con vehículos en el agua. En su versión más sencilla, describe un proceso en el que localizamos el vehículo (y sus ocupantes), realizamos el acceso inicial para llegar al lugar donde se encuentra el vehículo y, a continuación, estabilizamos (aseguramos) el vehículo y/o los ocupantes antes de transportar finalmente a los ocupantes a un lugar seguro fuera del agua.

Dado que se trata de vehículos, también vale la pena considerar la aplicación de las vías asociadas a las colisiones de tráfico. El “modelo de las seis fases” para una colisión de tráfico es potencialmente aplicable a un rescate más complejo de vehículos en el agua, incluso cuando puede ser necesaria la gestión de los cristales para crear puntos de anclaje en el vehículo:

  • Seguridad y evaluación de la escena
  • Estabilización y acceso inicial
  • Gestión de los cristales
  • Creación de espacio
  • Acceso total
  • Inmobilización y extracción

Sin embargo, tal y como se identifica en el modelo TEMPOE desarrollado por el Jefe de Batallón Tim Rogers del Departamento de Bomberos de Charlotte, con los incidentes en aguas interiores tenemos que considerar que la elección táctica está probablemente determinada en gran medida por tres factores clave.

  • Energía del agua
  • Temperatura del agua
  • Tiempo que el accidentado ha estado en el agua

Cualquiera que sea la técnica que utilicemos para acceder al vehículo y transportar a los heridos desde el vehículo a tierra, tiene que poder enfrentarse a la fuerza/energía del agua. Como vimos en el primer artículo, la velocidad y la profundidad del agua son factores clave para saber si un coche será arrastrado por el agua, pero también determinan si podemos acceder mediante técnicas de baja energía, como el vadeo, o si necesitamos opciones de mayor energía, como las embarcaciones o las soluciones de linea en tensión.

La temperatura del agua y el tiempo que los accidentados han estado en el agua son claves para determinar la capacidad del accidentado para ayudar en su propio rescate. Varias técnicas de rescate acuático se clasifican como “rescates condicionales”, ya que sólo funcionan a condición de que la víctima participe activamente en su rescate. Por ejemplo, el uso de una cuerda de lanzamiento desplegada desde la orilla hacia un accidentado en el techo de un coche sólo tendrá éxito si el accidentado es capaz de sujetar la cuerda durante todo el tiempo que transcurre desde que coge la cuerda hasta que es arrastrado a la orilla.

La mayoría de las víctimas que se han sumergido en agua fría y han sido sometidas a las tensiones físicas y psicológicas de estar en un vehículo en agua en movimiento. Es por ello que no se puede confiar en que participen con éxito en su propio rescate. Por ello se requieren más técnicas de rescate “real (de contacto)” en las que los rescatadores toman el control de la víctima.

Acceso a un vehículo en el agua

El acceso inicial al vehículo y a sus ocupantes suele ser necesario si queremos estabilizar el vehículo y/o realizar un rescate por contacto de los ocupantes. Existen varias técnicas para lograr este acceso inicial y podemos clasificarlas a grandes rasgos en opciones de baja energía y de alta energía. Las que se encuentran en la categoría de baja energía sólo son aplicables a condiciones de agua de baja energía.

Baja energía

  • Vadeo en aguas poco profundas
  • Balsa de rafting o trineo de rescate
  • Nadador atado
  • Amarres a 2 y 4 puntos

Alta energía

  • Balsa atada desde una sola orilla
  • Diagonal tensada
  • Barco a motor
  • Sistemas con líneas en altura (con o sin embarcación)
  • Helicóptero

El examen de la aplicación y puesta en práctica de todas estas técnicas va más allá del alcance de este artículo y se aborda mejor de forma práctica en un curso de formación de rescate con vehículos en el agua. Afortunadamente, el crecimiento de los cursos de aguas bravas, ha visto un crecimiento similar en la disponibilidad de cursos de formación de calidad realista sobre este tema.

La mayoría de las técnicas mencionadas tienen en común la cuestión de hacia dónde apuntamos cuando hacemos el acceso inicial al vehículo. Los datos anecdóticos sugieren que muchos incidentes con vehículos en el agua se producen en condiciones de energía muy baja/flujo lento y, por lo tanto, hay un riesgo insignificante de que el vehículo se mueva y se pueda acceder a cualquier punto alrededor del vehículo. De hecho, es probable que haya un mayor riesgo para los intervinientes y las víctimas derivados de los sifones ocultos bajo el agua, como la falta de tapa del alcantarillado debido a presión generada por la inundación, o la posibilidad de ser arrastrados por otro vehículo en movimiento.

En cuanto nos enfrentamos a condiciones de agua de mayor energía, la parte aguas arriba del vehículo presenta un peligro potencial de atrapamiento contra el vehículo y cuando el vehículo está asentado sobre una superficie dura crea un sifón entre las ruedas y el morro.

Aguas abajo del vehículo normalmente se generará una contracorriente siendo esta zona un área potencialmente viable. Sin embargo, si el vehículo tiene libertad para moverse (y la velocidad y el nivel del agua sugieren que esto podría pasar), cualquier persona que opere en la contracorriente aguas abajo del vehículo puede verse con el vehículo moviéndose hacia el.

Una de las principales ventajas de las técnicas de acceso basadas en embarcaciones o trineos (incluidas las opciones de embarcaciones atadas) es que podemos utilizar la embarcación como plataforma de trabajo junto al vehículo, desde la que podemos llevar a cabo diversas actividades, como estabilizar o asegurar el vehículo y sacar a los heridos del coche a la embarcación. Si el vehículo comienza a moverse, por lo general es menos grave para los rescatadores que trabajan en la embarcación alrededor del coche que para los que están en el agua, especialmente los que están aguas abajo del vehículo.

Una vez que se ha accedido al vehículo, hay que poner en marcha la siguiente fase del rescate, tal y como se decidió en la evaluación del incidente. Esto puede implicar la creación de puntos de anclaje en el vehículo para evitar que se mueva (estabilización) o, si se ha tomado la decisión de sacar a los ocupantes sin estabilizar el vehículo, entonces tenemos que acceder para permitir su extracción. El uso de 3 o 4 rescatistas de vadeo para crear una cuña puede ser una técnica muy útil para generar un espacio de trabajo para por ejemplo abrir una puerta. Además de proporcionar una configuración estable para cruzar por aguas poco profundas hacia la orilla desde el vehículo. La cuña crea una contracorriente efectiva modificable aguas abajo de si misma. Al colocar la cuña inmediatamente aguas arriba de una puerta, facilita la apertura de la puerta y la extracción de los ocupantes.

Estabilizacion de un vehículo en el agua

La decisión táctica de asegurar el vehículo antes de retirar a los ocupantes será una decisión dinámica tomada en el incidente en función de una serie de factores, entre los que se incluyen los que hemos visto en la primera parte:

  • Velocidad del agua
  • Niveles de agua existentes y previstos
  • Número y estado de los ocupantes del vehículo
  • Anclajes adecuados en la orilla para asegurar el vehículo
  • Puntos de anclaje adecuados en el vehículo
  • Si el vehículo ya está inmovilizado contra un objeto que le impida seguir moviéndose

Aunque es comprensible la tentación de asegurar el vehículo y evitar cualquier movimiento potencial, hay que pensar en el tiempo y la dificultad de proporcionar una estabilización efectiva. Podría ser posible acceder al vehículo y llevar a cabo un rescate rápido en mucho menos tiempo que si se estabiliza, sacando así a los ocupantes de la zona de riesgo más rápido. Esto es particularmente aplicable cuando los niveles de agua son estables o bajan, y tenemos pocos ocupantes en el vehículo.

Asumiendo que se ha tomado la decisión de estabilizar el vehículo, debemos considerar:

Estabilizacion de una o dos orillas

Poder asegurar el vehículo a ambas orillas debería ser la mejor solución para evitar el movimiento del vehículo, pero a menudo esto es difícil o incluso imposible de conseguir, especialmente en situaciones de inundación donde la distancia a las orillas puede ser muy grande. La estabilización de dos orillas también requerirá puntos de anclaje en dos lados del vehículo o la disponibilidad de “enhebrar” el vehículo con la cuerda de anclaje.

Aunque la estabilización de una sola orilla no evitará todo el movimiento del vehículo, sí determinará en gran medida hacia dónde se va a mover el vehículo en caso de hacerlo. Es muy importante tener en cuenta este movimiento y el péndulo que generará la cuerda con la que hemos hecho el anclaje, a la hora de trabajar cerca del vehículo. Al elegir los puntos de anclaje en el vehículo para la estabilización de una orilla, se debe prestar especial atención a la posición de los anclajes, para reducir la posibilidad de que la cuerda de sujeción cargada provoque una fuerza por la cual ayude al vehículo a volcar. Esto se hace generalmente utilizando puntos de anclaje lo más aguas arriba posible y lo más en la parte baja del vehículo posible y además en el mismo lado del vehículo que la orilla a la que se ancla la cuerda de sujeción.

Material de estabilización

Dentro de la disciplina de rescate en aguas rápidas e inundaciones, tenemos muy en cuenta los riesgos de trabajar con cuerdas dentro y cerca del agua. Entre las medidas de control que se adoptan habitualmente se encuentran el uso de cuerdas flotantes y la aplicación del principio de “línea limpia”, con el que intentamos reducir o eliminar cualquier lazo, nudo o riesgo de enganche innecesario de las cuerdas que se utilizan en el agua o en sus alrededores. Sin embargo, cuando se trata de evitar que un vehículo se mueva por la fuerza del agua, podemos estar buscando fuerzas muy grandes y la fuerza del material se vuelve crítica. Aunque difiera de los principios o medidas de control nombradas anteriormente, es preferible estabilizar con una cuerda no flotante EN 1891 Tipo A de 11 mm, en lugar de una cuerda flotante de 8 mm de polipropileno. No obstante nunca ataríamos a un rescatador que accede a un vehículo en el agua con este tipo de cuerda (EN1891).

Además, dependiendo de dónde podamos obtener los puntos de anclaje en el vehículo, éstos podrían presentar problemas como bordes metálicos afilados, cristales rotos y contaminación por fluidos y aceites. Por lo tanto, el uso de cabos de anclaje de metal (alambre) recubiertos de plástico suele ser lo más adecuado. También existen otras soluciones más “caseras”, como eslingas de nailon anilladas y enhebradas a través de una cubierta protectora de manguera.

Elección de anclajes en el vehículo

El nivel del agua y el diseño del vehículo serán fundamentales para determinar qué partes del vehículo podemos utilizar para crear puntos de anclaje. Las ruedas, los ejes y los ganchos de remolque, etc., se vuelven muy difíciles de anclar una vez que se sumergen en el agua. Los postes o pilares A y C del vehículo son los principales candidatos como posibles puntos de anclaje, pero puede ser necesario gestionar el vidrio para que estén disponibles.

También debemos considerar que con nuestro trabajo de estabilización reducimos el espacio para posteriormente sacar a los ocupantes. El ejemplo clásico de esto es cuando estabilizamos anclando los postes B, sin darnos cuenta de que hemos bloqueado la puerta, no pudiéndola abrir después.

Si no hay nada más disponible, las partes internas del vehículo pueden ser utilizadas como puntos de anclaje, incluyendo la columna de dirección, el volante y los cinturones de seguridad. Si podemos conseguir la estabilización de las dos orillas y podemos pasar una cuerda a través del vehículo, ya sea a través de las ventanas abiertas o abriendo las puertas de ambos lados del vehículo, entonces no hay necesidad de encontrar puntos de anclaje en el vehículo, ya que la cuerda tensada que pasa a través del vehículo crea la estabilización.

Gestión de los cristales

Si tenemos que quitar o cortar el cristal para asegurar el vehículo o crear un acceso, hay que tener cuidado con elegir dónde se hace, especialmente si el cristal está cubierto de agua.
En aguas rápidas, sucede que la parte del vehículo que quede aguas arriba sufrirá una presión del agua mayor, motivando una altura superior del agua que en el lado opuesto, debido a la presión de la corriente. En estos casos en los que la corriente llega o pueda llegar al cristal, se debe mantener el cristal intacto en la medida de los posible, para no perder el parapeto que supone el cristal a la hora de trabajar dentro del coche. Hay una gran diferencia entre sentarse en un vehículo protegido, frente a un vehículo con el agua fluyendo a través del mismo.

Transporte de los ocupantes

Hay que considerar con antelación cómo se pretende transportar a los ocupantes desde el vehículo a tierra firme, y esto nos dará claves a la hora de tomar decisiones sobre si se debe estabilizar el vehículo o no. Hay que tener en cuenta que las técnicas necesarias para el acceso al vehículo por parte de rescatadores formados y con el EPI adecuado no son necesariamente las mismas que se pueden usar para transportar posteriormente a los ocupantes a un lugar seguro. Las técnicas de acceso inicial, como el vadeo o la natación atada, podrían utilizarse para acceder para asegurar el vehículo y empezar a atender a los ocupantes mientras se ponen en marcha otras técnicas que se adapten a las necesidades de los ocupantes.

Un ejemplo de técnicas alternativas pueden ser las embarcaciones amarradas o embarcación con cuerda en altura que permitan a los ocupantes permanecer fuera del agua durante la fase de transporte. Las opciones disponibles para el transporte de víctimas son esencialmente las mismas que para el acceso inicial, como se ha indicado anteriormente, y pueden dividirse de forma similar en opciones de baja energía y de alta energía. La consideración individual de cada técnica va más allá del alcance de este artículo y se aborda mejor de forma práctica en un curso de formación de rescate con vehículos en el agua.

Independientemente de la técnica elegida, hay que tener en cuenta lo siguiente:

EPI – equipo de protección individual para los ocupantes

Proporcionar un equipo de protección individual adecuado a las víctimas se limita generalmente a un CAF (Chaleco de Ayuda a la Flotación) y un casco adecuado. Aunque es tentador poner a los heridos el EPI lo antes posible, debemos ser conscientes del riesgo potencial de atrapamiento creado por la flotabilidad adicional de un EPI dentro de un coche que se ha movido y luego ha rodado. Por lo tanto, vale la pena asegurarse de que el vehículo está totalmente estabilizado y/o que los ocupantes pueden salir con el EPI puesto. Si vemos que debido al volumen que ocupa un cuerpo la víctima no puede salir del vehículo, hay que valorar que el ocupante esté fuera o parcialmente fuera del vehículo (la parte superior del cuerpo fuera y sentado en la parte inferior de la apertura de la ventana) antes de colocarle un CAF.

Si los ocupantes ya han salido del vehículo y se encuentran en el techo del mismo, proporcionarles el EPI adecuado es una prioridad, ya que el techo de un vehículo en el agua es resbaladizo, un lugar desde el cual es fácil caer. De hecho, además de proporcionar el EPI, es aconsejable proporcionar algún tipo de apoyo para ayudar a evitar que las personas se resbalen del vehículo, por ejemplo una cinta plana (flip Line) enganchada alrededor a volante y pasada perpendicularmente por el techo.

Teniendo en cuenta la gran variedad de las edades  y por consiguiente los tamaños de las víctimas involucradas en los rescates de vehículos en el agua, las los servicios de emergencia deben estudiar cómo pueden proporcionar un EPI adecuado a todos los ocupantes, desde bebés hasta adultos. En el caso de los bebés, existen ahora una serie de bolsas estancas o y camillas flotantes debidamente fabricadas y selladas que pueden constituir una opción de transporte muy útil para un bebé.

Como hacer frente a múltiples víctimas

En la primera parte destacamos algunas de las consideraciones asociadas a la retirada de los ocupantes del vehículo. Si tenemos múltiples ocupantes, a medida que empezamos a retirarlos disminuimos la masa efectiva del vehículo, lo que a su vez puede influir en que el vehículo empiece a flotar o sea desplazado por la corriente de agua.

Las dos soluciones principales para esto son:

  1. Estabilizar el vehículo para que no pueda moverse, para que la retirada de algunos de los ocupantes no provoque que el vehículo se mueva.
  2. Retirar a todos los ocupantes al mismo tiempo. Esto se consigue normalmente trasladando a los ocupantes uno a uno desde el interior del vehículo hacia el exterior del mismo (por ejemplo, sentarlos en el techo), manteniendo así la masa efectiva del vehículo, y sacándolos después rápidamente a todos del techo mediante el método de transporte que se haya elegido como el más adecuado en función del riesgo y eficacia.

Adecuación de la seguridad y equipo sos aguas abajo del escenario

Los rescates de vehículos en el agua tienen el potencial de ser eventos muy dinámicos con una hidrología cambiante y las múltiples víctimas potenciales. Además de garantizar que nuestro plan de rescate se adapte a los cambios en las condiciones, por ejemplo, a la subida del nivel del agua, tenemos que asegurarnos de que el apoyo aguas abajo sea pertinente y eficaz en todo momento. En particular:

  • ¿Hay suficientes refuerzos aguas abajo para hacer frente al número potencial de víctimas (ocupantes y rescatadores que potencialmente pueden convertirse en víctimas) que hay en el vehículo y sus alrededores?
  • ¿El apoyo que se ha preparado está situado en el lugar adecuado para el rescate? Un ocupantes de un vehículo  involucrado en un accidente en el agua y que ahora se encuentra arrastrado por la corriente desde el coche, va a tener poca o ninguna capacidad de agarrarse a una cuerda lanzada desde la orilla. Debemos cerciorarnos de que el equipo SOS realmente tiene la capacidad de realizar un rescate ¨real¨ (de contacto) para esas víctimas con frio, y exhaustas.
  • Si el incidente tiene lugar por la noche, además de considerar si podemos proporcionar una iluminación adecuada en el lugar del rescate, ¿estamos considerando la posibilidad de iluminar la zona de seguridad aguas abajo?

El aumento del riesgo de inundación combinado con el continuo crecimiento del número de vehículos en nuestras carreteras sugiere que es poco probable que haya una disminución de los rescates de vehículos en el agua y las inundaciones en el futuro. El desarrollo de los cursos de rescate con vehículos en aguas rápidas permite ahora llevar a cabo una formación práctica realista y sugeriría que dicha formación debería considerarse esencial para cualquier rescatador de aguas rápidas e inundaciones que pudiera ser llamado a asistir a tales incidentes.

 

Artículo fundamentado en ‘Tactical choices for rescues from vehicles in water’ originalmente adaptado por Paul O’Sullivan Director Gerente de R3 Safety and Rescue empresa especializada en la formación y el suministro de equipos de rescate con sede en el norte de Gales, Reino Unido. El artículo apareció originalmente en la revista Technical Rescue y se reproduce con permiso del autor.

This article was originally written in English, and has been translated by Fermin Perez Larrea of River Guru.

 

 


Published: 07th Oct 2021